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INCONSTANTE

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En los días de marzo del 2024, cruzaba la últimas palabras presenciales con una persona que durante años me ofreció su amistad. Luego de una larga cadena de encuentros y desencuentros, nuestra vínculo llegaba a su final, no sin el mar sabor de boca que significa la pérdida. Como punto relevante, uno de sus alegatos fue: "eres inconstante, no sabes lo que quieres". Tal frase lapidaria caló en mi psique al punto de cuestionarme mis propias inconsistencias, donde seguramente era una persona inconstante y no me había dado cuenta. Y empezó mi rumiación mental, buscando razones, aún inexistentes, para justificar esa frase. A tal punto pueden calar las personas en nosotros, cuando abrimos espacio emocional sin los adecuados límites de autocuidado. Lo que siguió, fue un ánimo depresivo, caracterizado por un mapa de fracasos personales que creí olvidados: no terminar dos carreras, dejar el arte, el final de relaciones sentimentales y de trabajo y hasta quedarme en Venezuela; sin rumbo...

¿Qué eliges?

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"Nadie es compañero y ninguno amigo". Esta frase lapidaria la escuché en boca de una persona que no daba crédito a la amistad. Seguramente así lo pauta su experiencia, quizás dolorosa, o su perspectiva indiferente de los demás, o el sufrimiento que le ha significado construir amistades, quién sabe. La ya tradicional cultura del descarte y la cancelación, esforzada es crear división, distancias y miedos, no una mirada de unidad donde podamos sentirnos humanamente integrados, mira la amistad con ojos de infierno, sin darse cuenta que el infierno es la enemistad con uno mismo. En lo personal, siento que ser compañero es brindar la propia presencia sin más. Es ir en el camino, abriendo espacios de encuentro, escucha, atención, aunque por momentos no se implique uno a fondo, pero se está ahí, a un paso, a un gesto, a una palabra, tan necesarios en un mundo plagado de individualismo y competitividad. Amigo es entrar a la vida del otro, abriendo la puerta de la emocionalidad, ese te...

Debilidades

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Estudio terapia ocupacional, al mismo tiempo me formo en psicoterapia. Soy pedagogo y he sacado otras carreras: relaciones industriales, actuación, danza, escritura. Deseo formarme como psicólogo y aspiro seguir formándome en filosofía y teología, además de emprender proyectos terapéuticos, educativos y en espiritualidad cristiana. Todo ello dibuja mis fortalezas, y no puedo estar más que agradecido con él Señor. Pero, ¿y mis debilidades? ¿Dónde se encuentran? ¿Cuáles son y qué sentido tienen en mi vida? Porque no sólo soy hechura de fortalezas, también estoy hecho de debilidades. Sucedió un día que al ser invitado a facilitar un taller sobre la regulación emocional del adulto, a un grupo de personas con discapacidad motora, la presentadora no sólo expuso mi currículum, también hizo ver mis discapacidades: _el profesor Yorgenis tiene estrabismo bilateral, es hiperreactivo a nivel sensorial, es de pie plano, tiene obesidad tipo 1, sufre de sinusitis crónica, fue diagnosticado con TDAH y...

Sobre la salud mental

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—¿Qué importancia tiene para cada uno su salud mental? ¿Qué significado le damos en la trama social dónde nos movemos y existimos? El punto en cuestión me inquieta por la siguiente paradoja: vivimos en un país donde la salud mental está severamente golpeada, donde más del 80% de la población necesita atención terapéutica. Sin embargo, la mayoría de las personas que invito a formaciones y procesos para la saludable vigilancia de su salud mental, no van. Atraviesan duras crisis emocionales, pero no sé interesan por su salud mental, aún si los procesos y formaciones son gratuitos y libres: no les importa. ¿Hasta dónde llega nuestro quiebre psíquico? ¿Será que nos acostumbramos a un "estilo de vida" donde el dolor, el sufrimiento, la violencia, la angustia, los traumas, son vistos con absoluta normalidad, sin siquiera pensar en las consecuencias de tal "estilo de vida"? Me aterra vivir en un contexto bajo esa dinámica, donde el dolor normado (y politizado) se convierte ...

Verónica

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—Salir sin rumbo, en el placer de perderme en el tiempo. Ocio de ser. Oficio de caminante andante, sacerdote de la belleza. No la pre-fabricada por los medios, sino la connatural belleza inscrita en el mundo, donde se mueven los paseantes en su prisa. Esa mañana decidí sentarme en la plaza y contemplar a los niños en su gozo, ajeno del ego que no sabotea sentir y gustar el presente, entre juegos, bromas, uno que otro llanto conmovedor, y la rutilante generosidad de sus manos que nada buscan, y son magníficas. Frente a mí, al otro extremo de la plaza, sentada en una banqueta, una anciana también contempla a los niños. Luce transida, sumergida en un tiempo diferente, como si fuera un vapor de gracia encarnado. Allí la belleza. Mi ejercicio fue contemplar cada minúscula hendidura posible de su cuerpo: el cabello cenizo donde los años se eclipsaron. Las arrugas de la frente, esos surcos ahondados por el esfuerzo y el fragor. Su mirada flotando en el misterio, ¿Qué paisajes renacidos contem...

Sobre el dolor

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—En 1999, tras el deslave que asoló al estado Vargas, donde se ha llegado a decir que murieron más de cincuenta mil personas, viví mi primera experiencia consciente de duelo. Mi familia no pasó por los embates de perder bienes, sí amigos y sobre todo, la densidad histórica de un entorno que no volvería jamás; como si una foto familiar hubiese sido devorada por una lepra vertiginosa.  En esos días, literalmente oscuros, tuve la idea de colocar fotos de paisajes por los lugares que habían sido habitados por mis amigos, ahora muertos bajo toneladas de tierra y dolor. Cada vez que pasaba frente a las imágenes me detenía y hablaba con ellos sobre nuestros acostumbrados temas adolescentes: la película del momento, los amores imposibles en el liceo, la tragedia de no recibir talento alguno para el deporte; y sobre cómo eran sus nuevas vidas bajo los escombros, allá, en el misterio de la muerte. Esto lo hice en mi sano juicio mental a expensas de críticas, burlas y el chisme de propios y e...