Sobre la salud mental
—¿Qué importancia tiene para cada uno su salud mental? ¿Qué significado le damos en la trama social dónde nos movemos y existimos? El punto en cuestión me inquieta por la siguiente paradoja: vivimos en un país donde la salud mental está severamente golpeada, donde más del 80% de la población necesita atención terapéutica. Sin embargo, la mayoría de las personas que invito a formaciones y procesos para la saludable vigilancia de su salud mental, no van. Atraviesan duras crisis emocionales, pero no sé interesan por su salud mental, aún si los procesos y formaciones son gratuitos y libres: no les importa.
¿Hasta dónde llega nuestro quiebre psíquico? ¿Será que nos acostumbramos a un "estilo de vida" donde el dolor, el sufrimiento, la violencia, la angustia, los traumas, son vistos con absoluta normalidad, sin siquiera pensar en las consecuencias de tal "estilo de vida"? Me aterra vivir en un contexto bajo esa dinámica, donde el dolor normado (y politizado) se convierte en un infierno laberintico que ni trepando sus paredes se puede salir de él. Una vida como víctima de las circunstancias transformadas en una narrativa de la indefensión, porque salirse del acomodado círculo de la neurosis duele, como los cambios, como toda transformación.
Recientemente un amigo me comentaba su dura situación en la empresa donde labora como Coordinador de Entrenamiento de personal. Diariamente se enfrenta a una serie de tratos humillantes dentro de una dinámica pasivo-agresiva, como forma de presión, pues, para llegar a la excelencia hay que ser capaz de soportar toda clase de humillaciones, de lo contrario, no se tiene la suficiente fortaleza para el cargo, desde donde se capacita al personal para el buen desenvolvimiento de sus funciones laborales. Es decir, aceptas aprender (y enseñar) a los golpes, o si no te vas. Lo impresionante es que mi amigo tiene otras ofertas laborales, con mejor propuesta salarial y beneficios contractuales; pero él sigue allí, dando demostraciones de aguante estoico porque el "más fuerte" (el que aguanta la pela) es el vencedor.
O el caso de una amiga, que acepta ser maltratada física y psicológicamente por su marido adinerado, ya que le aterra verse sin la libertad financiera que el ministro, tal y como ella lo denomina, le provee para su vida holgada en lo económico y destruida en lo emocional. En ambos casos intervine ofreciendo ayuda, en vías de conducir a mis amigos hacia psicólogos calificados que pudieran atender la complejidad de sus realidades intrapsíquicas y existenciales. Fue en vano, ninguno aceptó. En ambos casos el aguante puede más. Y no niego la frustración, la rabia y la tristeza que tal respuesta me generó, dibujando el claro límite de mi responsabilidad en tal asunto. Porque cada quien es sujeto (y objeto) de su propio desarrollo o destrucción.
¿Qué hacer? ¿Cuál es la estrategia para visibilizar y dar relevancia a la salud mental? ¿Aceptar el derrumbe? ¿O se trata de acoger el "sálvese quien pueda" cómo condición de vida? No soy amigo de las generalizaciones, sé que existen personas e instituciones ocupadas del fortalecimiento de la salud mental en Venezuela. Hago mención, específicamente, de quienes me ha tocado hablar, invitar, ofrecer espacios de acompañamiento y nada, no hay respuesta, es una sordera hipnótica cuya única voluntad es seguir de largo hacia los legítimos intereses personales, ideológicos y de sobrevivencia que los empuja en una cotidianidad mecanizada, sin alma, que hizo mineral su hundimiento. ¿Será que la salud mental se nos hizo ajena?
Actualmente somos testigos de una generación que sigue más el "criterio" de la evasión, producto de una inmediatez ensimismante, que el desarrollo del propio pensamiento, emocionalidad y conducta. Es "vivir" con una "conciencia" intermitente, cuestión que representa un debilitamiento de la personalidad, lo afectivo, el mundo de relaciones e ideas y la participación activa en la sociedad, ante sus dinámicas, demandas y movimientos. Escenario favorable para el poder, interesado en gente que no piensa por si misma, manipulable, hecha a la medida de un redil ideológico donde no cabe ningún tipo de discernimiento que apunte su flecha hacia la libertad del ser.
Comprendo que ver adentro y hacer conciencia no es tarea fácil, menos en las circunstancias actuales, colmadas de sufrimiento, sin sentido, en un contexto de crisis sociopolítica y económica. Y que el fondo, ese lugar límite que tantas veces rozamos, es elástico: siempre se puede caer más bajo de lo que se cree. Toca pues, aceptar la negación de tránsito por los territorios de la psique y seguir en el mejor oficio que desempeño: insistir. Ser un insistencialista de iniciativas, espacios, presencias, que permitan un caminar juntos en eso de construir el vital cuerpo psíquico que necesitamos para existir; evidentemente, con quienes se sientan llamados a navegar las aguas de la conciencia libre-mente.
Yorgenis Ramírez.
Pedagogo. TO en formación.
#Enfronterado

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