INCONSTANTE
Y empezó mi rumiación mental, buscando razones, aún inexistentes, para justificar esa frase. A tal punto pueden calar las personas en nosotros, cuando abrimos espacio emocional sin los adecuados límites de autocuidado. Lo que siguió, fue un ánimo depresivo, caracterizado por un mapa de fracasos personales que creí olvidados: no terminar dos carreras, dejar el arte, el final de relaciones sentimentales y de trabajo y hasta quedarme en Venezuela; sin rumbo, sin sentido de la vida, fiel a mi inconstancia radical.
En tal estado, retomé mi terapia. Al hablado con mi psicólogo, me hizo una sencilla pregunta que por mi neurosis rumiante no podía elaborar: Yor, ¿una persona inconstante tiene amigos, empleo, profesión, fe, capacidades, lenguaje de cambio y una red de apoyo? No, le respondí. Entonces, ¿en dónde está tu inconstancia? ¿Dónde lo que no sabes si quieres? Me contestó, aterrizando mis pensamientos, y por consecuencia mis emociones, a lo real: soy una persona constante, con derecho a equivocarme.
Desde ese momento comencé a construir una mirada compasiva de mi mismo, dándome cuenta de muchas cosas, entre ellas, el abrir espacio a personas que no se han encontrado de frente con sus propias inconstancias. Dando un giro a mi mirada compasiva: ver con compasión a los demás. Al darme cuenta de ello, una sensación de paz invadió mi cuerpo, mis músculos se relajaron, mi respiración se ralentizó, y la perspectiva rígida y dura hacia mi historia personal se tornó en gratitud. En ese instante di gracias por todo lo vivido, por mis inconstancias sobre todo, porque gracias a ellas también soy un hombre constante.
Constante en mi fe, aunque por momentos dude. Constante en mi vocación de terapeuta, aunque desde ejercer otro oficio. Constante en mis afectos, aunque impliquen desencuentros. Constante en mis decisiones, aunque me contradiga. Constante e inconstante al mismo tiempo, en auténtica integración de mi humanidad, perfectamente humana. Porque gracias a esa polaridad ahora sé lo que quiero en mi vida: vivir de forma integrada en mi repertorio de luces y sombras, en mayor aceptación y responsabilidad de mi mismo.
Por todo lo anterior, gracias. De no haber recibido esa frase contundente, hoy seguiría en desconocimiento de mi mismo, en lo propio a constancias, inconstancias, el perdón y la reconciliación conmigo mismo; donde por humano cualquier cosa puede pasar, y soy yo quien puede definir mi circunstancia. Así, y sólo así, toda experiencia, por desagradable que sea, contribuye a hacer de nosotros personas más conscientes y responsables. Sólo basta darle otra mirada a la realidad.
Yor / @yorjramirez

Comentarios
Publicar un comentario